Reportaje de Bourbon Kings en la sala Jimmy Jazz, Gasteiz 24-04-2026
La vida está hecha de ciclos y cuando una etapa personal llega a su fin hay que abrir la puerta a nuevas experiencias, aceptando que la misma ha concluido y que si se fuerza su continuidad va a generar un cierto agotamiento y estancamiento, el sentir como si tu vida estuviera detenida en un punto y no pudieras avanzar.
No creo que le haya resultado nada fácil a Aarón Da Boozer (cantante principal y miembro fundador de la banda navarra de rap metal/nu metal Bourbon Kings) tomar la decisión de desvincularse de su grupo y dejar aparcado su sueño de llegar lejos en la música después de todo lo que han logrado tras muchos años de lucha y sacrificio, pero el encontrar un equilibrio entre la dedicación a la pasión artística y el tiempo de calidad con la familia a veces resulta muy complicado debido a las altas exigencias de una carrera artística.
Habrá quien no lo entienda pero es muy respetable su decisión, al final cada uno tiene que priorizar su bienestar propio y darle la importancia a las cosas que de verdad se merecen, cultivar los lazos afectivos y dedicar tiempo a los demás.
Las despedidas siempre vienen cargadas de una intensidad emocional única y el último concierto de él al frente de Bourbon Kings no fue una excepción, de una magnitud profunda, puro sentimiento, naturalidad y sinceridad musical, sintiendo cada emoción con un grado cada vez más alto, lleno de esa credibilidad que siempre le ha proporcionado a la banda, un estilo que continúa resultando rompedor, distinto y que desborda alegría en sus ritmos y sonoridades.
En unas condiciones fantásticas, acompañando a los madrileños Def Con Dos en su nueva segunda fecha en Euskadi, volvieron a defender la calidad de una propuesta musical de creatividad ilimitada, con unos pilares nu metaleros perfectamente establecidos y jugando con diferentes matices que aportaron un énfasis diferente a cada tema, bajo una actitud de no quedarse en la comodidad de lo establecido.
Un impacto directo desde el comienzo con “Rómpelo” y “Una Sola Oportunidad”, donde ya sacaron a relucir toda su gama de destrezas técnicas, insuflando mucha energía y ofreciendo una experiencia inmersiva y emocionante al público. Una desenvoltura y alta confianza en sus habilidades colectivas, reforzado en matices muy cuidados y una frescura de las que engancha, actuando siempre en consonancia a su evolución y crecimiento.
Se siguió respirando emoción en “No Sé Por Qué”, con un doblaje de voces que hizo que cobrase un significado mayor el sentimiento del estribillo, pasándose después a esos impecables cruces entre rap y nu-metal de finales de los 90 y principios de los 2000 en “Nos La Suda”, guitarras que no cesaron de construir bases sobre las que asentarse esas voces llenas de contrastes. Tampoco faltó el alegato de lucha contra las cicatrices emocionales en “Cada Cicatriz”, una poderosa reflexión sobre el dolor, el cambio y la superación.
La formación sigue adelante en la exploración de nuevos caminos en base a ser uno mismo. “Puro Fuego” y “Haka” fueron buenos ejemplos de ello, un toque distintivo en matices sonoros bien pensados como sus letras, no repitiendo en ningún sentido esquemas.
Subieron las pulsaciones, musicalmente hablando, en la recta final de su actuación con su demoledora versión de The Prodigy “Smack My Bitch Up”, pidiendo previamente agacharse al público y saltar una vez dada la señal para ello, no perdiendo posteriormente esa intensad y talante salvaje en los últimos temas, “Fuck You” y “Take A Look Around”, quedando de nuevo patente la solvencia de Aaóon como vocalista en un estilo en el que se le ve siempre como pez en el agua, mientras Julen Dread y Jon Bourb On se internaban entre el público para hacer de las suyas, provocar una exaltación violenta y de locura.
Una despedida gloriosa a pesar de ser bastante corta en duración pero bañada en una virtud de grandeza, el ser auténtico, transparente y coherente con tus ideas y pensamientos. Prefiero siempre eso que giras de despedida marcadas por una profunda tensión interna, donde los músicos apenas se comunican o se miran en el escenario. ¡Hasta siempre Aarón Da Boozer!

























