Los bizkainos Basaki vuelven a dejar muestras de personalidad y veteranía en su cuarto trabajo “Bizimina”, no repitiendo en ningún sentido esquemas, combinando la fuerza del rock y el metal con nuevos sonidos y una fuerte presencia melódica. Un trabajo colectivo que contrasta con la actual era de oro para las y los músicos solistas.
Grabadas en el estudio Chromaticity Studios, en las canciones de “Bizimina” la aportación de los demás miembros del grupo se añaden a la habilidad de cada músico y el punto de vista de cada uno de los miembros se ve enriquecido y ponderado por el del resto del integrantes del trío.
“Bizimina” canta a las ganas de vivir mediante letras alimentadas, entre otros, por los escritos de Rafael Chirbes, Pedro Lemebel o Jean Louis Davant, pero no a una débil, inconsciente y fácil esperanza, sino a una llama compartida y eterna que se alimenta desde la consciencia, a una frágil pero audaz energía que aspira a ser afilada y penetrar en el desánimo y el desencanto.
He podido charlar con su bajista Natxo Velez y profundizar de lleno en el proceso de composición de este cuarto trabajo, cargado de luminosas y contagiosas melodías que se elevan sobre firmes ritmos de batería, bajos profundos y abrasivos y guitarras sutiles y elegantes.
Hace bien poco habéis publicado vuestro cuarto disco “Bizimina”. Un trabajo mucho más detallista, con un tratamiento más actual en lo musical, gran versatilidad y mucha personalidad bajo diferentes calibres de entender el rock metal. Mucho sentimiento en unos textos cargados de significado y unas melodías creadas para cautivar. Un viaje musical desde lo más íntimo a lo más desgarrador. ¿Cómo se ha desarrollado todo el proceso creativo? ¿Qué aporta este álbum con respecto a trabajos anteriores?
Eskerrik asko, Mikel. El proceso creativo ha sido parecido al que hemos llevado a cabo hasta ahora, aunque, claro, con el tiempo vamos componiendo la base de las canciones más con el ordenador.
Iker o Alfonso proponen un esbozo de canción normalmente basado en la guitarra, más o menos avanzado según el caso, al que vamos añadiendo después batería, bajo y una melodía de voz.
Sobre esa base Natxo hace una letra, y una vez contamos con todos los elementos, completamos el puzzle y pulimos la canción concienzuda e incluso obsesivamente hasta quedar a gusto con ella y llegar a un consenso.
Respecto a la comparación con anteriores trabajos, puede que en este disco todo lo que está o no está en las canciones (quitar es tan importante como añadir) esté más justificado. Es el primer disco en el que hemos compuesto las canciones pensando en interpretarlas como trío (antes teníamos dos guitarristas), por lo que hay mayor espacio para guitarras más melódicas, con acordes más interesantes, y más armonías entre bajo, guitarra y voces.
Siete composiciones compuestas, interpretadas y grabadas en los estudios Chromaticity (Asua, Bizkaia), desde la habilidad para mirar a los detalles y la experiencia que otorgan años de local, de estudio y de escenario. ¿Qué retos o estímulos teníais para este disco?
El estímulo principal es disfrutar de la creación colectiva, comprobar hasta dónde podemos llegar tres personas creando juntas partiendo del silencio, y gozar de la magia de crear.
Más allá de eso, siempre es bonito compartir tu música con el público, y, teniendo en cuenta que no publicamos muy a menudo, que la gente pueda ver la evolución en nuestra manera de hacer canciones.
Uno de los aspectos más importantes en un grupo es no anclarse en si mismo e ir intentando avanzar en su camino. ¿Qué es lo que habéis ganado como banda tras la experiencia acumulada, y de que forma se refleja la misma en este trabajo?
Evidentemente, con los años hemos aprendido a tocar mejor nuestros instrumentos, y esa destreza te permite llegar más lejos en la composición, te abre más caminos por los que transitar en busca de la canción.
Por otra parte, creo que hemos ampliado miras a la hora de componer. Antes, quizás las canciones eran más “horizontales”, en el sentido en que acumulábamos riffs uno tras otro hasta llegar al final. Ahora, por el contrario, creo que nuestro campo de juego es la canción en su globalidad, y tratamos de ser más “profundos”; buscamos que cada elemento de la canción, cada golpe de bombo, cada acorde, cada nota, cada palabra, cale más hondo, y justifique su presencia en la canción. No queremos que algo esté ahí porque toca, porque se supone que tiene que estar.

Foto: Endika Martinez
Pese a que seguís contando con ese sonido vuestro tan característico y personal, se puede decir que en el álbum hay ciertos elementos o influencias inéditas en la banda hasta este momento. ¿Cómo definiríais este disco? ¿Ahora cuidáis más los pequeños detalles?
Creo que es un disco honesto con lo que somos Basaki en 2026. No hemos buscado quitar ni añadir nada porque no pegue con nuestros anteriores trabajos o no sea lo que la gente pudiera esperar. Son ventajas de estar fuera del mercado.
Los detalles sí que los cuidamos bastante. Somos bastante ratas de local: pasamos mucho tiempo componiendo, tocando y dando vueltas a las canciones, y supongo que eso se nota. Grabamos una y otra vez los temas, y los vamos puliendo hasta que nos imponemos una fecha para grabar un disco, porque, si no, no dejaríamos de darles vueltas.
Como te he dicho, queremos que cada elemento aporte valor a la canción, por lo que analizamos mucho qué tocamos y, por ende, qué no tocamos para llevar la canción a donde queremos.
Personalmente una de las mejores virtudes de este disco aparte de la calidad de las canciones, es la producción. Me gusta mucho el tratamiento de las guitarras, la versatilidad de las bases rítmicas, la profundidad de las melodías vocales y esos exquisitos adornos que parecen pasar desapercibidos a la primera. ¿Hasta qué punto habéis enfocado esta vez el concepto de la producción?
Eskerrik asko. Sí, hemos dedicado mucha atención a la producción, a vestir las canciones. Y te agradezco que hables de esos elementos que pueden pasar desapercibidos a la primera pero que van llegando a la oyente o al oyente con las escuchas.
Nos encantan las canciones con gancho, que te agarren a la primera escucha, pero muchas veces ocurre que ese estribillo quedón que te ha llamada la atención se agota en sí mismo.
Amamos la melodía y los estribillos grandes, pero procuramos vestirlos con detalles que hagan levantar la ceja a la persona que los está escuchando, premiar, de alguna manera, la escucha activa y ofrecer elementos interesantes a quien los busque en nuestras canciones.
Una de las claves de esta sorprendente madurez expuesta se halla en que las bases rítmicas no caen en ningún momento en algo preconcebido, acicaladas con un toque distinto y ofreciendo diferentes alicientes mediante tesituras profundas y pasajes bien diferenciados en el plano musical, pero sin perder un ápice de fuerza en el sentimiento. ¿Cuál creéis que ha sido la gran evolución de la banda a lo largo de estos treinta años?
Pues creo que el gran valor sigue siendo la pasión que sentimos por esto. En treinta años todo, absolutamente todo, ha cambiado en torno a la banda: instrumentos, escena, tecnología para la composición y la interpretación de música, los propios conciertos, el contexto cultural, social y político en el que se desarrolla nuestra actividad, nuestras circunstancias vitales…
Pero nos sigue apasionando encerrarnos en el local cuando podemos, y dar forma a canciones. Más allá de eso, como te digo, todo ha evolucionado: las canciones, nuestra interpretación como músicos, nuestras letras, la forma de ver el mundo de cada uno de nosotros tres… Pero está bien que sea así, no nos gustaría tocar, pensar, ni cantar como lo hacíamos hace treinta años. Eso pasó; estuvo guay, pero pasó.
En este disco asistimos a una mayor definición de las estructuras, con una frescura renovada y una gran pulcritud en constante crecimiento para huir de ciertos simplismos. ¿Hacia dónde progresan vuestros gustos e influencias musicales?
Procuramos escuchar toda la música que podemos, y nos sigue gustando vernos sorprendidos como oyentes.
¿Todavía os influye la música de otros grupos o la inspiración surge exclusivamente del interior de vosotros?
Sí, claro que nos influye la música que oímos, los libros que leemos, las obras de teatro que vemos o las película que vemos. Y que siga siendo así.
Estamos encantados de que nuevos estímulos o reflexiones enriquezcan nuestro universo creativo, que no deja de ser una interpretación de la suma de nuestras inspiraciones comunes anteriores.
Supongo que cada uno de vosotros tenéis vuestros propios gustos musicales y una manera distinta de concebir la música. ¿Cómo hacéis para alcanzar un determinado consenso a la hora de definir las pautas de actuación y musicalmente el camino a seguir?
Llevar treinta años de creación común tiene muchas ventajas, y una de ellas es que nos conocemos perfectamente bien. Sabemos qué podemos pedir al otro o qué nos puede ofrecer cada uno, incluso con qué nos puede sorprender.
Cada uno de nosotros tiene sus propios gustos musicales, que muchas veces difieren entre sí, pero también sabemos qué nos une a los tres, que es lo que finalmente constituye Basaki. Al final, Basaki es un punto de convergencia entre los mundos de Iker, Alfonso y Natxo, y cuanto más ricos sean esos mundos, más rico será Basaki.
Lográis mantener el interés del oyente gracias a unas influencias en perfecta consonancia y unos cambios de ritmo que aportan la variedad necesaria y unos registros vocales perfectamente adaptados a la línea musical. ¿Cómo se alcanza ese nivel de técnica y brillantez para saber cómo colocar cada elemento en el lugar adecuado y provocar una reacción emocional en el oyente?
Eskerrik asko, Mikel. Por una parte, siendo nosotros nuestro primer y, seguramente, más crítico oyente. No vamos a ofrecer a nadie algo que no nos satisfaga, porque tenemos mucho respeto a cualquier persona que, entre millones de discos, elija dedicar un solo segundo de su vida a escucharnos. Ser escuchados es algo que todavía nos alucina.
Por eso, nos esforzamos en que cualquier elemento que contenga nuestra música no sea decorativo, tenga un sentido, una justificación y un valor, que es lo que, finalmente, crea un vínculo, emocional o intelectual, entre creador y oyente: “Ey, creo que esto, que me ha interesado a mí, te puede interesar a ti”.
Otra cosa es que aciertes o no a la hora de articular ese mensaje. Una canción, como toda creación artística, es como un mensaje en una botella: tú lo lanzas, pero es el receptor el que tiene que primero recibirlo, luego descifrarlo y finalmente decidir si le es válido o no. Sin receptor no hay mensaje.
Respecto a la portada veo que está vez habéis preferido un arte mucho más simplista pero usando elementos visuales con mucho significado ¿De qué manera están los conceptos implícitos en la misma?
La portada, todo el diseño en realidad, es obra del artista y amigo Haritz Oyaga. Hemos decidido ocuparnos de la música, y delegar el aspecto gráfico en Haritz y el aspecto de imagen, videoclips, en Endika Martinez.
Pasamos a Haritz las letras y las canciones del disco, y el collage que ilustra el disco es su interpretación de los mismos. Estamos muy contentos con el trabajo que ha realizado.
La verdad es que las letras tienen un innegable aspecto connotativo, está medido qué se dice y qué no se dice, y dejan mucho espacio a la interpretación, por lo que nos encanta ver qué lecturas hace la gente de ellas, como en la caso de Haritz con la portada.
El primer single de este disco fue “Mia” un tema con unos estribillos intensos y una base musical que busca un sonido unificado en fuerza y melodía. Habéis querido transmitir a través de el una sensación de desarraigo, al hartazgo y el cansancio motivados por la obligación de mantenerse en movimiento rodeados de incertidumbre. ¿Consideráis que cuando un individuo se enfrenta al proceso de decidir, pone en marcha una serie de mecanismos cognitivos, emocionales y morales que definen su autonomía?
Sí, claro, pero el problema es qué condiciona esos mecanismos cognitivos, emocionales y morales. “MIA” quiere decir “missing in action”, “desaparecido en acción”, y es un término utilizado en el aborrecible lenguaje militar.
En el caso de esta canción, hace referencia a una sensación de que la incertidumbre es transversal. La base de muchas de nuestras vidas se ha desmoronado, pero tenemos que seguir en marcha, en muchos casos haciendo mucho ruido para que se nos oiga no sé en busca de qué, pero sin saber hacia dónde vamos.
Todo es cada vez más difuso, más líquido que decía Bauman, y, a veces, no sabemos en qué apoyarnos, quién es el dueño de nuestras vidas, pero tampoco en qué cagarnos o qué quemar. Esto, por supuesto, no es casual, y busca anularnos. Hay que buscar rendijas para ser y, desde ahí, hacer.
¿Qué objetivo esperáis alcanzar con este disco? ¿Qué le pide Basaki al momento presente?
Ahora mismo, todos nuestros planes han cambiado, porque hemos tenido que suspender nuestra actividad por un accidente de Iker, por lo que estamos centrados en que se recupere de la mejor manera para poder seguir creando y tocando.

Foto: Endika Martinez
Supongo que el planteamiento correcto es disfrutar del viaje más que plantearse un objetivo ¿Qué lecciones habéis aprendido a lo largo de todos estos años inmersos en el mundo de la música?
Creo que tener metas que alcanzar te obliga a moverte, y la inactividad en un grupo es su muerte creativa. Las metas, claro, van mutando durante una carrera; al principio puede ser tener un ampli, luego tocar con no sé quién y finalmente componer una canción con un ritmo de 7/8, pero la experiencia nos dice que conviene tener un punto al que llegar.
Ese punto, claro, debe ser lo más armónico posible entre los miembros del grupo, porque tener objetivos distintos dentro del mismo grupo crea tensiones difíciles de gestionar.
Otra lección importante ha sido atesorar, en tiempos de solistas, la creación en grupo, escribir colectivamente. Entiendo que también hay razones socioeconómicas detrás de la eclosión del formato solista (tener un local es muy caro) y que componer solo para ti te ahorra muchos quebraderos de cabeza, pero creo que crear a cuatro, a seis o a ocho manos hoy en día es un ejercicio valiosísimo, enriquecedor y profundamente satisfactorio, y lo reivindicamos radicalmente, cada vez más convencidos.
¿Cuál es vuestra opinión de la escena que se ha ido desarrollando en estos últimos años?
Bueno, el término “escena” es bastante resbaladizo. Tenemos muchos colegas en bandas, locales y medios de comunicación, claro, y apreciamos mucho lo que hacen.
Quizás en el circuito underground, cada vez más mermado, sí se pueda hablar de escena o escenas, una pequeña red de bandas, espacios y colectivos. Pero en la distribución, por ejemplo, solo aguantan (y lamentablemente la elección del verbo no es casual) casos excepcionales (DDT, algunas tiendas de discos…); antes, bajabas al bar y podías encontrar las maquetas de los grupo de tu entorno. Hoy, el disco de Nerbio Bulkada lo tengo a un clic, la misma distancia, que el último de Mastodon o el de un grupo de hip hop de Liubliana. Con lo que el termino escena queda muchas veces difuminada en el sentido geográfico del término.
Luego existe otra “escena” comercial, que es la de grupos con promotoras detrás y una vertiente mercantil mucho más desarrollada que copan, salvo excepciones (un abrazo a las técnicas y técnicos de cultura, asociaciones y comisiones de txosnas con criterio), los grandes escenarios del país.
Más allá de esta divagación y entendiendo la escena en su vertiente estilística, se hacen cosas chulas, claro. Que hayamos oído últimamente, se me ocurren los discos de NaizPresidente, Kode, Vibora y Sara Zozaya, por ejemplo, pero hay muchos.
¿Por dónde pasan los planes de futuro de la banda a medio y a largo plazo?
Crear, tocar y seguir disfrutando. Hemos aprendido a no hacer planes a largo plazo; el disco “III” salió unas semanas antes de una pandemia mundial y a la publicación de “Bizimina” le ha seguido un accidente de Iker del que necesita seguirse recuperando.
Nosotros seguiremos encantados mientras nos quede pasión y tengamos los medios para poder seguir creando canciones y alguien las escuche.
